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El tatuaje polinesio tiene sus raíces hace más de 2.000 años, fuertemente vinculado a la antigua cultura Lapita. En estas sociedades, el tatuaje indicaba el linaje, la clase social, las hazañas guerreras y el paso a la edad adulta. De hecho, la palabra "tatuaje" proviene del término tahitiano tatau, que significa "golpear" o "marcar".
El tatuaje maorí, conocido como Ta Moko, es una variación que surgió cuando los pueblos polinesios se asentaron en Aotearoa (Nueva Zelanda). A diferencia del resto de la Polinesia, el Ta Moko original no solo perforaba la piel, sino que la tallaba profundamente, creando cicatrices estriadas y texturizadas. El moko facial era sumamente sagrado; sus patrones funcionaban como una firma única e irrepetible que narraba la historia y ascendencia de quien lo portaba.
El método tradicional en islas como Samoa, Tahití o las Marquesas se basaba en la técnica de percusión manual (tapping).
Mientras que el resto de la Polinesia solo perforaba la piel, los maoríes aplicaron sus conocimientos de tallado en madera al cuerpo humano, un proceso mucho más doloroso y sangriento.
Con la llegada de los europeos a Nueva Zelanda, los maoríes comenzaron a incorporar agujas de metal, lo que eventualmente hizo que la técnica de tallado profundo diera paso a la técnica de punción, aunque la geometría y el profundo significado del Ta Moko se mantuvieron intactos.

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