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El cover-up no nació como un movimiento artístico, sino como una necesidad comercial y psicológica. Desde que el tatuaje se popularizó en Occidente durante el siglo XX, los clientes han cambiado de gustos, de parejas o han acudido a artistas inexpertos.
En los años 70 y 80, con la sofisticación de los pigmentos y la profesionalización del sector, los estudios empezaron a recibir una oleada de personas que querían borrar su pasado. Al principio, los "arreglos" eran rudimentarios (grandes manchas negras o formas toscas), pero con el tiempo la técnica evolucionó hacia una disciplina extremadamente técnica que requiere un conocimiento profundo de la teoría del color y de la física de la piel.
Un cover-up exitoso es pura ilusión óptica. La tinta nueva no se asienta "encima" de la vieja de forma aislada, sino que ambas se mezclan en la dermis (la capa intermedia de la piel). Si pones amarillo sobre azul viejo, terminarás con un fondo verdoso. Por ello, las técnicas aplicadas son muy estratégicas:
El instrumental para un cover-up eficaz se centra en la capacidad de implantar una densidad de pigmento muy alta para neutralizar el fondo:
At ONAS, we care about ensuring our clients have a memorable experience from the moment they walk through the door. Therefore, we will be happy to address your questions about the process and dispel all the taboos surrounding this art.